Llueve. Lento. Dulce e intermitente. Imposible es no recordarte...
También llovía la tarde de aquél viernes del otoño pasado. Llovía frío, con olor a invierno.
Olía a invierno... llovía frío y golpeado. Lo suficiente para amortiguar el ritmo de mis pasos y el girar de tu puerta.
Llovía
frío afuera, pero, no en tu cuarto. Los vidrios de tu ventana estaban
empañados en contraste con lo de afuera. El frío estaba afuera. Una ola
de calor viciado me envolvió al abrir la puerta.
Allí estabas. Te veías tan pequeño... tan dramáticamente inofensivo insertado a pelo entre las ancas morenas. (Leer más)














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