Alguna vez fui un árbol en un pasado prehistórico que todavía conservo en la memoria como una fotografía imaginaria.
Sí, fui un árbol, uno de amplio ramaje y de profundas raíces. Probablemente una acacia, aunque desconozco la diferencia entre un árbol y otro. En mi calle hay unos pocos. Durante mi infancia había muchos y variados que alegraban las tardes del verano con sus sombras bienhechoras. El progreso arrasó con la mayoría, dando paso al cemento y al asfalto. Quedaron algunos, eso sí. La mayoría acacias, árboles nobles y perennes. No sé si habría sobrevivido
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