
CARTA A GONZALO
Me han cedido estas páginas, exactamente dos carillas para que hable sobre ti.
¿Cómo puedo contenerte en tan corto espacio?
Creo
que por hoy, los hitos de tu biografía y la enumeración cronológica de
tus premios, se quedarán guardados en la gaveta de la memoria. He de
concentrarme en el meollo del asunto: lo que se produce en mí, al ver
ante mis ojos el logrado mosaico de tus palabras.
Escucha, Gonzalo, hijo de Lebu...¡bendito seas entre todos los poetas!
Porque
aún siendo niño, intuíste el modo de borrar de tu cielo las nubes de
hollín, y asombrado, soplaste... soplaste un sususrro de palabras
frescas que se remontó en el aire y se hizo imagen.
Porque
haciendo uso de tu libre albedrío, no tuviste empacho en cortar amarras
y caminar tu propia senda bajo el candil de tus sentidos, sin perder ni
por un momento, la certeza de la fragilidad e indefensión del hombre
frente a lo infinito.
Porque convertiste a tu voz las
preguntas universales de todos los hombres y mujeres conscientes,
heredándonos la experiencia de tu propia búsqueda.
Porque no
te bastó con escuchar el canto de las caracolas... tú ascendiste y
descendiste, te diste licencia para volar con el viento y para cavar
hasta lo más profundo de la tierra y del SER mismo.
Porque se
me nublan los ojos cuando junto a ti, también veo a tu padre, espejismo
de muerte... montado, bajo la lluvia... (es un olor a caballo
mojado...) mirando a través de ti, sin poder verte.
Porque tu
madre, Celia, también es la mía mientras recorro a tu lado la historia
viva de su muerte. Soy una entre los siete... y me lloro... y la lloro
junto contigo.
Porque nadie como tú ha sanido conciliar en su
canto el concepto de lo opuesto: y te rehaces una y otra vez de cuerpo
y espíritu, entre la vida y la muerte, al filo de lo profano y lo
sagrado, desechando cualquier tipo de discriminación.
Porque
con ello has logrado que tu obra sea el reflejo perfecto de las
esencias, en donde lo masculino y femenino postergan sus diferencias. Y
es por eso que éstas, mis palabras, desafiando cualquier argumento de
forma, de espacio y de tiempo, hoy apuestan por ti.
Amanda Espejo
Grupo La Mancha
De su obra:
DESDE ABAJO
Entonces, nos colgaron de los pies,
nos sacaron la sangre por los ojos.
Con un cuchillo
nos marcaron el lomo,
yo soy el número 25.033.
Nos pidieron
dulcemente
casi al oído
que gritáramos
viva no sé quién.
Lo demás
son estas piedras que nos tapan, el viento.
GONZALO ROJAS, poeta chileno.
Pintura sobre el tema: Amanda Espejo.