Amanda Espejo

Inarrugable



INARRUGABLE
 

 

 

En algún punto de mi niñez, mi madre tuvo un vestido blanco de terylene.
Es curioso como a pesar de los años, ese vestido permanece incólume en medio de los grises ocultos en cada vericueto de la memoria. Se veía linda mi madre con su melenita corta, pañuelito al cuello y el plisado pulcro de la nueva tela que hacia furor en aquel entonces. Yo solía admirarla de reojo durante las caminatas domingueras que realizábamos desde nuestra casa, situada en calle Herrera, hasta la Quinta Normal.


Todo el trayecto por avenida Portales, era una fiesta de apronte

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